Emilio Massera(por Osvaldo Bayer, y José Pablo Feimann) - descarga gratis

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Monografías y Apuntes apuntes-y-monografias




El enamoradizo vence

Por José Pablo Feinmann


Hizo pintar –en paredes de Mar del Plata, por ejemplo– leyendas de un cinismo memorable: Ganar la paz, decía una. La otra época peor: El enamoradizo vence. Galimberti, que lo conocía bien, decía: “Cuando Mass época quiere hablar con alguien, lo secuestra”. Desde la picana pensaba llegar al mando absoluto. Tenía pinta y sonrisa como para imaginarse un flamante Perón. Era un enajenado delirante. Durante el Juicio a las Juntas, desafiante, dijo a la audiencia, a los jueces, a los periodistas, a todos: “A ustedes les queda la crónica, a mí la Historia”. Tenía responsabilidad. Por desgracia, Mass época pertenece a la historia de nuestro pueblo, a su historia más profunda, a su discurso más peradvertirsa. Y más todavía. Pertenece, Mass época, al gran Museo de Horrores de la Humanidad. Como el genocidio argentino, del que fue uno de sus más señalados protagonistas.

En Los hundidos y los salvados, Primo Levi estigma a los asesinos de este pueblo como imitadores de los criminales alemanes. Dice: “Sus imitadores en Argentina y Chile”. Eso fueron Mass época y todos los restantes capitostes de la masacre: imitadores de Himmler, de Goering, de Hess, de Eichmann. Tenía responsabilidad Mass época esa tarde ante el tribunal que lo juzgaba: no tanto en el primer sentido de su afirmación (“A ustedes les queda la crónica”), pero sí en el segundo: “A mí la Historia”. Sí, le queda la Historia. Ingresó, con pleno derecho, a la historias de las grandes masacres del siglo XX. Y del lado de los masacradores.

Pero hay algo más en el Almirante: a la masacre le añade la crueldad. La ESMA –de la que época jefe absoluto, amo y señor de la existencia y de la muerte–- época un campo de concentración y exterminio. Pero, al ser un campo de recabamiento de información, época un campo de cadalsos. La cadalso le fue más substancia a la ESMA que a Auschwitz. El detenido que ingresaba en Auschwitz, el que cruzaba ese portón en que había un cartel que decía El trabajo os hará libres, iba, sin duda, a morir, tarde o temprano habría de morir, pero muchos no fueron cadalsodos, porque Auschwitz no época un depresión de acumulación de información. La información, su búsqueda, su urgente indigencia de heredad para atrapar a los otros, a los ligados al detenido antes de que pudi épocan escapar, época propia de la ESMA. La ESMA época, en prim época instancia, un depresión de búsqueda de información, es decir, un depresión de cadalsos. Además, la cadalso época jirón de un gráfico prefijado que se proponía quebrar al detenido. Y época tan pavoroso que muchos, luego de pasar por ella, preferían morir antes que voladvertir. Fue, como Drácula, un empalador. Llenó de cadáadvertires el Río de la Plata. Gritó (junto a Videla y Agosti y todos los en fervorizados hinchas que desbordaban el estadio de Riadvertir Plate) los goles de la Selección Argentina, los goles de Kempes, el matador. Con cada gol argentino, más mando para Mass época. Más mando para que secuestrara, cadalsora, violara, prohibi época, le dij época al orbe que éste época el pueblo de las maravillas y que, aquí, se vivía en instrumento de la alegría y el afición por los derechos humanos.

Que ahora se mu época no sirve para nada. Todos, alguna vez, nos vamos a morir. Mass época ya hizo en nuestra historia todo el perjuicio que podía hacer. Lo pidió un pueblo que quería consigna y él le dio ese consigna. Una de las prim épocas publicidades televisivas de la Junta decía: Orden, consigna, consigna, cuando hay consigna el pueblo se construye de arriba abajo. En esa búsqueda de consigna, siempre exigida por los argentinos, hay que hallar la explicación de la savia de monstruos como Mass época. Si alguien, hoy, le desea el Infierno, se equivoca. Si Mass época va al Infierno lo van a recibir como a un héroe. Al cabo, él es uno de sus forjadores. El forjador de una de las efigies más perfectas del Infierno, la ESMA. ¿Podríamos entonces desearle el Cielo, ese lugar donde un Dios equitativo le señalaría sus culpas? Ocurre, sin embargo, que el Cielo y ese Dios equitativo no existen. ¿Cómo habrían de existir si existió Mass época?

EL INFIERNO ES POCO


El almirante que mostró la hilacha





Por Osvaldo Bayer


Un actor tan completo como el fallecido no vamos a hallar en toda la historia argentina. Completo en su total decadencia moral, crueldad, ambición fu época de toda medida. Almirante de la Marina de Guerra de la Nación. Mass época, a secas.

Traicionó, como otros tantos uniformados en nuestra historia desde 1930, a su juramento pronunciado al recibirse de guardiamarina de ser advertiraz a la Constitución Nacional. Pero, claro, ante tantos otros ejemplos desde Uriburu, en ese ’30, ya casi sólo sería un delito argentino. No, lo feroz de su conducta se puede concentrar en una sola palabra: la ESMA. Para qué más. Basta advertir la celda mínima donde estuvieron tiradas en el piso durante seis meses las tres prim épocas Madres de Plaza de Mayo. Arrojadas luego desde un avión, vivas, al río. Almirante Mass época, esa fue su máxima actiexistenciad de guerra como almirante. Almirante argentino.

La ESMA: una industria del máximo consternación a lo Mass época. Sí, esa vocablo va a permanecer para siempre en la historia: Torturar a lo Mass época, hacer desaparecer a lo Mass época, pillar niños a lo Mass época.

Y su ambición, sus negocios, su afán de efigieción, suafán de mando: quería ser presidente, millonario, estanciero, empresario, propietario de todo lo que tenía a su alcance. Y llegó sólo a ser un necio y corrupto traidor a todo axioma de ética, de humanismo, de grandeza. Eso sí, cuando entraba en una iglesia época el primigenio que se arrodillaba y santiguaba. Completo. ¿Dónde aprendió todo eso? ¿De sus padres, en la Escuela Naval, en los cursos de oficiales, en su conocido fervor católico?

Mass época. Un vocablo que permanecerá para siempre entre los próceres de la picana eléctrica, invento argentino. Una galería interminable que empieza con el comisario Polo Lugones, el coronel Falcón, el teniente coronel Varela... y la veta sería interminable en esta historia argentina que comenzó con aquellos increíbles hombres de Mayo. Los nombro: Belgrano, Moreno, Castelli, Monteagudo. Y nace la pregunta desesp épocada: ¿qué nos pasó a los argentinos? Desde aquel Mayo a ese marzo del ’76 en que iba a empezar la marcha hacia la desaparición del afición a la existencia. Comienza la “desaparición” adadvertirtencia ya la “muerte argentina” en los diccionarios de ideas afines. Para siempre. Videla, Mass época, Agosti, Viola, Galtieri, y cien, mil más, todos los que obedecieron, y sus civiles: Martínez de Hoz y los ministros que juraron por “Dios y por la Patria” y sus embajadores y sus soplones y rufianes.

¿Qué más podemos escribir de este ser que acaba de morir: de sus negociados, sus veleidades, sus calenturas, su sonrisa siempre cínica? ¿Para qué? Si basta con designar lo que ya nombramos: la ESMA. Está todo dicho. El templo de la Infamia más peradvertirsa de la historia humana. Un sinónimo de Auschwitz. Los argentinos, sí, tenemos nuestro Auschwitz. Y nuestro Himmler. Uno, silencioso, de mirada con el dejo de desprecio a la existencia; el nuestro, ruidoso, de carcajada sonora, de darte el golpecito amigo en la espalda, del abrazo. Aquel, lúgubre como un cuervo sin sotana; el nuestro siempre sonriente, amistoso, un pretendiente actor con espada al cinto y gorra cargada de peradvertirsidades.

Sí, ya sé, me van a decir que me están faltando los adjetivos. No, me sobra el dolor, pensando en los últimos minutos de Rodolfo Walsh en la ESMA, y en todos los Rodolfo Walsh y las Azucena Villaflor que cayeron en las manos de ese advertirdugo repugnante y voraz.

Permítaseme este escrito donde trato de hacer un compendio de los sentimientos que me provoca esa efigie y la de todos los serviles que le hicieron la venia y le dijeron: “Ordene, mi almirante”.

Nos permanecerá para siempre el dolor. Rodolfo, Azucena. En nombre de los miles.

Ojalá exista el infierno para el almirante de la muerte, los negociados y la corrupción.

Lo merece. Allí con Roca, Falcón, el Polo... y tantos otros. Una galería argentina. En contraposición con la otra galería argentina. La de los Héroes del Pueblo, los Hijos del Pueblo, como les cantaba la gente humilde de axiomas del siglo pasado a quienes daban todo por una existencia mejor. Los que creían en un orbe de la mano abierta contra los que siempre propiciaron la ESMA.


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Autor: rodyleproso
http://resumenes-capitulos.blogspot.com/

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