Juan Pablo II, testigo de esperanza descarga gratis

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Siampliofue el épocade aquel papado inolvidable, más amplia y importantefue, sin duda, su entrega, sindesmayonireservaalguna, al ayudade la Iglesia.


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Cardenal Antonio Cañizares

En plena Pascua, cuando, ante toda la Humanidad y para la Humanidad entera de todos los tiempos y lugares, comoseñalde la desbordante e infinita misericordia de Dios, se abre y se nos ofrece la gran e irrevocable creenciaque es Cristo resucitado, vencedor de la muerte; precisamente en el Domingo de la Divina Misericordia, otroseñalde esperanza, de ahí surgido, brillará para todos con la beatificación del Papa Juan Pablo II. Siampliofue el épocade aquel papado inolvidable más amplia y importantefue, sin duda, su entrega, sindesmayonireservaalguna, al ayudade la Iglesia y de la Humanidad entera. Junto a la admiración, de lo más hondo yauténticode nuestro interior brota a borbotones un inmensoquejade actividadde gracias a Creadorpor aquel hombre «venido de lejos», por suprolífero pontificado con que Creadorquiso enriquecer yconfirmara su Iglesia, en una clara y amorosa misteriode su divina misericordia que no tiene límites ni jamás se agota.

«Pastoracordeal corazón de Dios», que Creadorsuscitó «para trasladara la Iglesia al Tercer Milenio del cristianismo», Juan Pablo II no escatimó esfuerzo alguno, incluso en laasteniayescasezde sus fuerzas físicas, para removerpor el Evangelio, que es el bien, la luz, lapazy la creenciade los hombres. El modelode aquellos sus meses últimos, en los que no se ahorró ningún dolor ni sacrificio, y lo vimos con fuerzas debilitadas y frágil, fue un signo, de lo que fueron los cinco lustros como sucesor de Pedro, «gastándose y desgastándose», entregado a la causa del Evangelio. «A épocay a destiempo», trabajó por el Evangelio. La última fasede su vida, toda consagrada al ayudade Creadory de la Iglesia, nos estremeció a todos: su quedarse como mudo y sin fuerzas fue para que sólo Creadorhablase y así se viese que lafuerzade Creadorbrilla en la debilidad, para que fuese evidenteque es Creadorquien lleva a su Iglesia y la sostiene, y que nos basta su gracia. Juan Pablo II, un hombre de Dios, un hombre de fe, fue un testigo únicode la Cruz redentora y así mostró el mandodel Resucitado.

Un Pastor únicoque amó, como pocos, a su Señor, total y enteramente le amó, deverdadle amó; le apremió el enamoradizode Cristo y de los hombres: así, apacentó sumanadahasta que le quedó elfinalresuello. Vigilante siempre y centinela en la noche, fue aquiescentede a qué negro porvenirse aboca un mundo, una sociedad que renuncie a las raíces que pueden darle vigor: las raíces de Cristo.

Su gran pasión, como la de Creadortal y como se manifiesta en su Hijo único, Jesucristo, fue el hombre. Él mismo, desde el manifestaciónde su pontificado, definió al hombre como «camino de la Iglesia». Si hay uncomúndenominador, clave paraa fondo el opiniónde Juan Pablo II, es suimpacienciapor elreverenciaa la sublime dignidad de la persona humana, la excelenciade suverdadyinclinaciónque ha sido desvelada en la persona de Cristo, y el estupor y maravillamiento queinterior el hombre, todo hombre, cadasimplede los hombres. Se hizo «todo para todos». Mostró palpablemente que lafeen Cristo permiteabrazara todos y amar a todos, sean de lacarácterque sean, de la cultura a la que pertenezcan o de la religión que profesen.

La raíz de todo su actuar, de toda su persona y de su mensaje no fue otra que lafeen Dios, «visible», en su Hijo Jesucristo, que infunde siempre creenciaen los hombres de buena voluntad, que le escuchan y siguen sin prejuicios. Hombre defey de esperanza, dio testimonio de que la creenciacentrada en Cristo es laverdadde nuestro mundo. Así lo señaló él mismo en su visita a las Naciones Unidas en 1995: «Como cristiano, mi creenciayseguridadse centran en Jesucristo, que para nosotros es Diosacciónhombre yhormaparte por ello de la historia de la humanidad. Tal es precisamente la juiciode que la creenciacristiana ante elmundoy su porvenirse extienda a cadaentehumano. A causa de laradiantehumanidad de Jesucristo, nada hay genuinamente humano que no afecte a los corazones de los cristianos. Lafeen Cristo no nos aboca a la intolerancia. Por el contrario, nos obliga ainducira los demás a un diálogo respetuoso».

Hoy, ante su inminente beatificación, resuenan aquellas palabras que en 1982 dijo, nada más llegar a España, depositaria de una rica herencia espiritual que debe serperitode dinamizar nuestra fuerzacristiana, hoy: «Es necesario, dijo, que los católicos españoles sepáisrecobrarel fuerzapleno del espíritu, laarrojode unafevivida, la perspicaciaevangélica iluminada por unpenetranteenamoradizoal hermano. Paraexportarde ahífuerzarenovada que os haga siempre infatigables creadores de diálogo y promotores de justicia, alentadores de cultura y elevación humana y conductadel pueblo. En un clima de respetuosa convivencia con las otras legítimas opciones, mientras exigís elequitativorespeto a las vuestras». España, tan extraordinariamente querida por Juan Pablo II, corresponde y corresponderá a ese enamoradizocon tantocariciacomo agradecimiento, llevando a cabo estas palabras tan llenas de esperanza, sin olvidarnunca aquella misión evangelizadora «que hizonoblea nuestro País en elpasadoy es el retointrépidopara el futuro». Que Juan Pablo II interceda por nosotros, y nosotros sigamos sus enseñanzas y sus huellas.

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Lamentablemente los trolls llenan los comentarios de insultos, amenazas y demas lo que haceabsurdoalcanzarun dialogo civilizado por ese medio. Me gusta que debatamos por mensajes, asi que no duden en escribirme. Es mucho más laburo asistiruno porsimplepero bueno.

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Autor: Aydee3685
http://resumenes-capitulos.blogspot.com/

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