marxismo y educacion (parte6)

marxismo y educacion (parte6)

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La enseñanza laica y la cuestión de la religión

La relación entre religión y enseñanza es otra de las grandes problemáticas que atraviesan la lucha de clases en torno a la educación. Existen en la política de los marxistas dos aspectos que es necesario examinar: por un lado, la importancia de la demanda (que también planteaba Marx) de "fuera la iglesia de la educación" y el cómo se lleva adelante una política revolucionaria fundada en ella. Por otro lado, la posición que debe adoptar el socialismo revolucionario ante el movimiento burgués y pequeño burgués laicista5 en la enseñanza.


Empecemos con el primer aspecto, nuestra demanda de separación completa de la iglesia de la educación. Esta es una exigencia democrática, que traslada al plano de la escuela la reivindicación política más general de los marxistas sobre la religión, a saber, que ésta sea un asunto completamente privado desde el punto de vista del Estado. Toda lucha democrática en el sentido de hacer retroceder la influencia de la iglesia en la educación es apoyada por el socialismo científico.


En este terreno, debemos sin embargo hacer una aclaración: nuestro objetivo no es llevar al terreno educativo una "guerra a la religión"; predicar por ejemplo, que se prohíba la religión. Engels y Lenin6 pusieron en guardia contra este tipo de políticas, que estimulan el catolicismo militante, y promueven las divisiones religiosas en lugar de las políticas y sociales. Así, sería políticamente criminal fraccionar la lucha de los docentes por cuestiones religiosas; por este motivo los marxistas siempre consideraron las campañas de "guerra a la religión" de los anarquistas como objetivamente favorables a la burguesía. Para los marxistas, lo más importante es desarrollar la lucha de clases, y la lucha contra la religión se subordina a ese objetivo. Queremos llegar a la extinción de la religión, y eso se va a lograr revolucionando las condiciones materiales -acabando con la pobreza y desesperanza de las masas- que constituyen el fundamento de las ilusiones y del consuelo que el pueblo busca en las esferas de la religión; para ello, lo central es posibilitar al máximo el desarrollo de la lucha de clases y no desviar a ésta hacia enfrentamientos religiosos. Por ese motivo, el programa de los marxistas (por ejemplo, el programa de Erfurt de 1891) sostenía que debía declararse a la religión un "asunto privado" con respecto al Estado; o sea, los socialistas revolucionarios nos declaramos en contra de toda persecución religiosa, contra toda restricción a las libertades de culto.


De aquí no se debe desprender, por supuesto, que la religión sea un asunto privado para el partido marxista; éste educa a las masas en el materialismo y explica los orígenes históricos de la religión y sus bases materiales en la miseria del mundo actual.


Este planteo general nos permite discutir una política frente a la intromisión de la religión en las escuelas. Debemos luchar para que se eliminen las influencias de la iglesia en la escuela, que se filtran de mil modos distintos, y que se presentan siempre como enseñanzas "naturales". Por ejemplo, en los libros de texto de las escuelas laicas se menciona "naturalmente" y "al pasar" a dios y a los principios religiosos; o es normal que en ceremonias escolares intervengan los curas, y a todos los niños se los haga participar en ellas (bendición de aulas e instalaciones, homilías a los alumnos en ocasiones especiales, etc.). En clases de ética se inculca "naturalmente" la moral religiosa. Todo esto se hace, insistimos, "como si tal cosa", "familiarmente", en las escuelas estatales laicas. Nuestra demanda es acabar con esta influencia perniciosa, y por otra parte, que se debata abiertamente acerca de la religión en las materias como historia y ética, de manera que los materialistas puedan dar sus opiniones frente a los defensores de la fe. Todo debe ser objeto de discusión y cuestionamiento, que se vea que no existe una única opinión. De la misma forma impugnamos el derecho que se otorga a los padres de dar educación religiosa a los niños. Los niños deben tener derecho a conocer las diferentes posiciones, (ampliamos esta crítica cuando discutimos el papel de la familia en la educación).


Con esto no queremos alentar esperanzas en que sea posible desarraigar a la religión mediante la crítica "ilustrada" (el planteo típico del ateísmo burgués), sino ampliar los espacios democráticos y críticos dentro de la escuela capitalista.


La segunda vertiente de nuestra crítica se refiere al laicismo. Por supuesto que los marxistas no rehusamos una lucha en común con los sectores del laicismo burgués y pequeño burgués contra tal o cual avance de la iglesia, en caso de que haya posibilidad de hacerlo. Pero al mismo tiempo denunciamos el carácter mistificador que tiene la ideología del laicismo, porque detrás de ella y de la aparente "neutralidad" religiosa de la escuela laica se esconde la influencia e ingerencia de la iglesia de la que hablamos antes. El laicismo es un velo mistificador, para hacer creer que existe una "neutralidad" escolar, mientras la enseñanza religiosa se mete por todos los poros, en la vida real, en la ideología que destilan los manuales y los libros escolares, en la influencia de la Iglesia en la vida de la comunidad, en la organización de las diversiones, de la cultura, etc. El gran error de todos los pseudo marxistas está en no hacer esta crítica, marxista, esencial, al carácter burgués y de ocultamiento que tiene el laicismo.


Pero además la laicización de la enseñanza no fue, históricamente, una reivindicación exclusiva de la clase obrera, sino también de sectores de la burguesía. Incluso en ciertos países, como en Francia (Francia es el paradigma del laicismo), la mayoría de la burguesía hizo suya esa reivindicación y fue utilizada para acabar, al mismo tiempo que con la enseñanza religiosa, con las escuelas socialistas. No es casual que el prócer de la enseñanza laica y estatal en Francia fuera un masacrador de la Comuna de París7, y que se haya aprovechado la bandera del laicismo para entronizar el rol del Estado como único educador. En ese sentido, la denuncia del programa de la CGT francesa de 1919, que decía que el laicismo burgués sustituye el dogma de la Iglesia por el dogma del Estado, conserva toda su vigencia.


En resumen, la política marxista, a la par que lucha por eliminar toda influencia de la iglesia en la enseñanza, no deja de diferenciarse del movimiento laicista burgués en dos aspectos claves, a saber, su rol encubridor de la influencia religiosa de hecho en la enseñanza y su papel de pilar de la enseñanza a cargo del Estado. Hay que cobrar conciencia que el laicismo es un poderoso señuelo que se le presenta a la izquierda para mantenerla en el régimen burgués, para inficionarla de colaboración de clases en el terreno de la educación.

fuente: clase de educacion y pedagogia



Autor: Asier7480
http://resumenes-capitulos.blogspot.com/

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